Un grupo de 40 familias despedidas del Casino de Esquel mantiene una vigilia en el acceso al edificio y organizó una feria de ropa para recaudar fondos, mientras esperan la intervención del Gobierno provincial.
Sebastián Pérez Rienzi, exempleado del área técnica del Casino de Esquel, confirmó que la empresa envió un nuevo telegrama ratificando los despidos al 50% del personal. Frente a esta postura, los trabajadores consideran que la firma no volverá a operar en la ciudad y que la restitución de los puestos de trabajo no está en discusión.
El único respaldo con el que cuentan proviene del Gobierno provincial, que aseguró que avanzará con la quita de la licencia a la actual concesionaria para elaborar nuevos pliegos de licitación. El objetivo es buscar un operador que absorba a los empleados despedidos. Sin embargo, los tiempos burocráticos chocan con la urgencia económica: Pérez Rienzi estima que el proceso de licitación demandará entre seis y siete meses.
“Estamos en la nada misma”, resumió el trabajador, al describir la desesperación que atraviesan. Esta situación los llevó a organizar una feria de ropa en la puerta del casino para recaudar fondos, ya que “muchas familias a esta altura del mes ya no tienen un mango”.
Además, los exempleados mantienen un acampe constante en los accesos del casino para evitar que la firma retire las máquinas o el mobiliario durante la madrugada. Las instalaciones quedaron completamente operativas tras el cierre intempestivo. “Estamos haciendo la vigilia como para que no vacíen el casino. Lo único que nos falta es eso, por lo menos tener la garantía de que ahí está todavía”, detalló Sebastián.
Para sostener la guardia, se organizaron en turnos rotativos de tres o cuatro personas, lo que exige un esfuerzo físico enorme debido a las bajas temperaturas de Esquel. Muchos trabajadores no pueden dejar solos a sus hijos pequeños, lo que complica aún más la medida.
La búsqueda de alternativas de trabajo en la ciudad es casi imposible en el contexto actual. Incluso quienes cuentan con oficios específicos y años de experiencia, como Pérez Rienzi, que se desempeñaba reparando las máquinas de la sala, enfrentan un mercado donde la obra pública y la privada están completamente frenadas. “Uno tiene un oficio, pero así y todo se complica muchísimo”, reflexionó.
Con el sonido de redoblantes y bombos al mediodía en el centro esquelense, la meta inmediata de las 40 familias es lograr el cobro de los salarios adeudados y esperar que la intervención provincial dé resultados concretos antes de que el frío y las deudas terminen de quebrar su resistencia.
