A dos meses de la muerte de Sofía Devries, la joven de 23 años que falleció mientras buceaba en Puerto Madryn, la investigación judicial avanza con el análisis de testimonios, protocolos y normativas de seguridad para determinar si hubo fallas en el procedimiento que derivaron en la tragedia.
A la espera de las definiciones del expediente, Juan Manuel Casal, operador del robot submarino que encontró el cuerpo de la joven, analizó lo sucedido. “Además de las malas condiciones del clima, creo que la chica llevaba más peso del aconsejable. Para esa inmersión le alcanzaba con siete u ocho kilos de lastre, y llevaba 14. Si no lo encontrábamos con el robot, su cuerpo podría haber quedado ahí por un tiempo prolongado”, afirmó en diálogo con Clarín.
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El buzo profesional afirmó también que fallaron los sistemas de contención. “A Sofía la tendrían que haber asistido de alguna manera. Y en el peor de los casos tendría que haber vuelto ahogada”, afirmó el especialista, quien ya había participado en rescates de otros cuerpos.
La joven fue hallada muerta dos días después de su desaparición.
Casal detalló además que la joven pudo estar “entre cinco y diez minutos” entre que Sofía se lanzó al agua y su trágico final. “Una inmersión de estas características demanda unos 35 minutos. Pero en este caso, por lo que pude recoger, fue mucho más corto”, sostuvo.
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Qué se sabe de la muerte de Sofía Devries
El cuerpo de la joven fue hallado el miércoles 18 de febrero por personal de la Prefectura Naval Argentina (PNA) en la popa del pesquero chino Hu Shun Yu 809, un barco hundido hace aproximadamente una década para convertirse en arrecife artificial y que con el paso del tiempo se transformó en uno de los puntos de inmersión más conocidos de la zona.
El hallazgo se produjo en aguas de Puerto Madryn, frente a Punta Cuevas, durante un rastrillaje realizado cerca del mediodía. El buque se encuentra a unos 20 metros de profundidad, dependiendo de la marea, y suele ser visitado por buzos con certificaciones avanzadas o en instancias de formación más exigentes.
Sofía había sido vista por última vez el lunes 16 de febrero mientras realizaba una inmersión como parte de una certificación internacional de buceo. Fuentes de la Fiscalía de Puerto Madryn indicaron a ADNSUR que el grupo había realizado el día anterior el curso de Open Water, una certificación básica que habilita a los buzos a descender hasta los 18 metros de profundidad.
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“El día anterior hacen el curso de Open Water hasta 18 metros. Bajan cinco o seis personas y con eso quedan habilitados. Luego les ofrecen hacer al día siguiente el segundo curso, que permite llegar hasta los 30 metros”, señalaron desde la investigación. Esa segunda instancia fue la que Sofía decidió realizar junto a otros participantes del grupo.
Según los testimonios citados por los investigadores, el instructor habría indicado mediante señas que tenía un problema con su chaleco compensador y que debía ascender a la superficie.
En ese momento se produjo la situación crítica que derivó en la tragedia. Cuando el instructor inició el ascenso, Sofía quedó en el fondo mientras su pareja todavía estaba descendiendo. De acuerdo con las declaraciones, la joven habría entrado en pánico en ese instante.
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“Empieza a desesperarse, tiene una crisis y se saca el regulador para intentar respirar”, explicaron desde la Fiscalía.
El joven intentó ayudarla. Primero trató de ofrecerle su propio regulador y luego intentó inflarle el chaleco compensador para que ambos pudieran subir a la superficie. Sin embargo, en medio de la maniobra la joven se habría soltado. Con el chaleco inflado, su pareja terminó ascendiendo y ya no pudo volver a bajar para asistirla.
Uno de los puntos centrales que analiza la Justicia es si el instructor actuó de acuerdo con los protocolos de seguridad establecidos para este tipo de prácticas. La discusión gira en torno a si, al detectar un problema con su equipo, debió indicar que todos ascendieran juntos en lugar de subir solo a la superficie.
