La noche se volvió interminable cuando la noticia del incendio en Puerto Patriada comenzó a generar alerta en toda la provincia. Adrián Carrizo, bombero voluntario de Comodoro, vivió una angustia difícil de explicar durante las 15 horas en las que no tuvo ninguna noticia de su hija, quien quedó encerrada por el fuego en el lugar más crítico.
“Ella estaba en ese momento en Patriada. La dejó encerrada el fuego más de 15 horas sin saber nada”, contó en diálogo con ADNSUR. La incertidumbre cedió cuando pudieron hablar por videollamada y mensaje, pero la angustia de no poder abrazarla y acompañarla se extendió hasta estos días. “Recién hoy a las 6 de la mañana pude verla”, explicó, con alivio tardío.
Adrián junto a su hija, quien quedó encerrada por el fuego en Puerto Patriada.
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Mientras esperaba ese contacto físico, a Adrián lo convocaron para viajar a la cordillera. Pensó que allá, en algún punto del operativo, podría encontrarse con ella. Pero el destino cambió sobre la marcha: el despliegue se desvió hacia Trevelín para trabajar en el Parque Nacional Los Alerces. “Es duro, pero hay que ser profesional y ayudar a la gente y a la naturaleza”, afirma.
En el viaje, reflexionó sobre el oficio que eligió y que lo elige todos los días. “Venía pensando lo profesional que nos estamos poniendo día a día en cada cuartel. Sabemos lo que hacemos y vamos aprendiendo de esto que es el incendio forestal”. No es una teoría: es experiencia ganada a fuerza de calor, viento y decisiones en segundos.
Tuvo que trabajar como bombero en Trevelin, lo que obligó a demorar el reencuentro con su hija.
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Del otro lado del frente, la escena se repite con un patrón cruel. “La gente con mucho miedo, en dos segundos pierde todo lo que construyó en una vida”. Basta un cambio de viento —diez, quince segundos— para que el fuego avance 150 o 200 metros y arrase. “Contra eso no podés pelear: es remar en dulce de leche”, resume.
