La muerte de un anestesiólogo por sobredosis derivó en una investigación por sustracción de medicamentos en hospitales de Buenos Aires y su presunto uso en reuniones privadas.
La muerte del anestesiólogo Alejandro Zalazar, hallado sin vida en su domicilio, desencadenó una investigación judicial que reveló el robo de fármacos de uso hospitalario en al menos dos centros médicos de la Ciudad de Buenos Aires. Las sustancias, entre las que se encontrarían anestésicos como propofol, habrían sido utilizadas en reuniones privadas.
El caso, que involucra al Hospital Gutiérrez y al Hospital Italiano, llevó a la identificación de otros profesionales del área de la salud como posibles proveedores de los medicamentos sustraídos. Las autoridades investigan si existió una red para desviar estos insumos, destinados estrictamente a procedimientos médicos, hacia un uso indebido.
La Justicia busca determinar las responsabilidades en la falta de controles que habrían facilitado la salida de narcóticos de las instituciones. Mientras tanto, en los hospitales mencionados se revisan los protocolos de manejo de fármacos.
El hecho ha generado repercusión en el ámbito de la salud, donde se destaca la importancia de los estrictos controles éticos y de gestión para preservar la confianza en el sistema. Desde el Colegio de Médicos se recordó que la conducta bajo investigación corresponde a individuos específicos y no refleja el ejercicio de la gran mayoría de los profesionales.
