Un equipo del CONICET describió en detalle las matas microbianas de la Bahía de San Antonio Este, revelando cómo las mareas extremas influyen en su formación y su importancia para interpretar ambientes del pasado.
Un equipo de investigadores del CONICET avanzó en un estudio clave en la costa de Río Negro al describir en detalle las matas microbianas presentes en la Bahía de San Antonio Este, estructuras que resultan fundamentales para interpretar cómo eran los ambientes del pasado.
La investigación, liderada por el científico Maximiliano Rodríguez, del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología, aporta un dato central: el régimen de mareas extremas, con diferencias de nivel que pueden superar los 9 metros, influye directamente en la formación de estas estructuras. Este factor las convierte en una herramienta clave para reconstruir escenarios de hace millones de años.
Según explicó el investigador, este hallazgo modifica interpretaciones previas. Estructuras que antes se atribuían exclusivamente a eventos extremos, como tormentas o huracanes, también pueden generarse en contextos de mareas intensas, lo que amplía el conocimiento sobre la dinámica de los ambientes antiguos.
Las matas microbianas son comunidades formadas por bacterias, cianobacterias y algas microscópicas que se desarrollan sobre sedimentos en capas muy delgadas. Aunque no se distinguen fácilmente a simple vista, pueden cubrir grandes superficies y cumplen un rol central en la estabilidad del sustrato y en los procesos naturales del ambiente.
Cuando estas comunidades interactúan con corrientes y mareas, generan estructuras sedimentarias inducidas por actividad microbiana, consideradas una “firma” de vida en el registro geológico. Su capacidad de preservación es uno de los aspectos más relevantes, ya que permite que estas marcas permanezcan durante millones de años.
Este punto también tiene impacto en la paleontología. En distintos sitios donde se hallaron huellas de dinosaurios, se detectó la presencia de estas matas, que contribuyeron a estabilizar el suelo y facilitaron la conservación de las pisadas a lo largo del tiempo.
El área analizada se ubica en un sector relativamente protegido de la bahía, donde el oleaje es menor y se generan condiciones más estables, ideales para el desarrollo de estas comunidades. El trabajo combinó distintas herramientas: se instalaron sensores para medir mareas, temperatura y velocidad de corrientes; se realizaron relevamientos en terreno y vuelos con drones para analizar la distribución de las estructuras. Además, se tomaron muestras de sedimento para su estudio en laboratorio.
Este abordaje integral permitió obtener una visión completa del fenómeno, combinando observación directa, tecnología y análisis científico.
