Una investigación científica descubrió que la dermcidina, una proteína antimicrobiana del cuerpo humano, actúa como una primera barrera de defensa contra el virus de la influenza, dificultando su ingreso a las células. El hallazgo abre una nueva vía para el desarrollo de tratamientos antivirales.
Mientras la atención mundial sigue puesta en la propagación de variantes del virus de la influenza, un hallazgo reciente vuelve a centrar el foco en la capacidad del organismo humano para defenderse. Investigadores de la Fundación de Investigación Fisabio, en España, identificaron un péptido natural que podría explicar por qué aproximadamente uno de cada cinco contagiados no desarrolla los síntomas clásicos de la gripe.
Se trata de la dermcidina, una proteína antimicrobiana presente en el sudor, la saliva, las lágrimas y en zonas del sistema respiratorio que actúan como primera barrera de contacto con los patógenos. El equipo científico comprobó que sus niveles basales son significativamente más altos en personas que cursan la infección sin manifestar fiebre, dolor corporal, congestión o malestar general.
El mecanismo de acción es particular: la dermcidina se adhiere a la hemaglutinina, una de las proteínas clave que el virus utiliza para ingresar a las células humanas. Al alterar su estructura, dificulta la penetración del virus y reduce su capacidad para iniciar el ciclo de infección. Este es un mecanismo distinto al de los antivirales tradicionales, como el oseltamivir (Tamiflú), que se enfocan en otra proteína viral.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), mostró además que los niveles de dermcidina aumentan cuando el cuerpo enfrenta una infección respiratoria, sugiriendo que el organismo la utiliza como parte de su respuesta rápida. En pruebas de laboratorio y modelos animales, el péptido demostró protección frente al virus de la influenza A y también mostró actividad de amplio espectro contra otras variantes de la gripe y patógenos respiratorios como ciertos coronavirus.
La investigadora principal, María Ferrer, destacó que este enfoque podría abrir una línea de desarrollo completamente diferente para futuros tratamientos. “En lugar de atacar la capacidad de replicación del virus una vez que ya ingresó en las células, la idea sería impedir directamente el primer paso de la infección”, explicó.
En paralelo, la coautora Paula Corell señaló que las diferencias entre personas asintomáticas y aquellas que sí enferman podrían estar directamente asociadas a las concentraciones iniciales de dermcidina. “Encontramos niveles hasta seis veces más altos en quienes nunca desarrollaron síntomas gripales”, detalló. Este patrón podría servir como base para futuros métodos diagnósticos que determinen el nivel de vulnerabilidad de un individuo.
Aunque todavía falta un largo camino antes de que este descubrimiento se traduzca en un medicamento, los investigadores consideran que la dermcidina tiene el potencial de convertirse en un antiviral de origen humano y de amplio alcance. En un contexto de rápida evolución viral, sumar una herramienta que refuerce la primera línea de defensa del organismo podría significar un cambio profundo en las estrategias de prevención.
