En el tramo de la Ruta Nacional 40 que une a Villa La Angostura con San Martín de los Andes, la famosa Ruta de los Siete Lagos, miles de turistas transitan cada temporada deslumbrados por la inmensidad del espejo del Nahuel Huapi o el azul profundo del Correntoso. Sin embargo, pocos saben que, detrás de la cortina de árboles que bordea el camino, existe un portal hacia un tiempo distinto. La Cascada Ñivinco no es solo un salto de agua; es un paisaje imponente donde la desconexión es total y la vista se rinde ante la densidad del bosque y el agua que baja con fuerza desde las cumbres creando un espectáculo único.
Un color único en cascadas Ñivinco: Foto: Mariano Zarate – Villa La Angostura (Turismo).
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EL CAMINO ES PARTE DEL DESTINO
Para llegar a la cascada, hay que estacionar en el kilómetro 2113 de la Ruta 40. No hay grandes carteles de neón ni centros de informes pomposos; apenas un pequeño ensanchamiento en la banquina que oficia de estacionamiento y un discreto cartel de Parques Nacionales que marca el inicio de la senda.
El sendero se interna rápidamente en un bosque de transición donde los ñires y las lengas forman un túnel verde. El aire aquí cambia; es más fresco, cargado con ese perfume a tierra húmeda y resina que es la marca registrada de la cordillera neuquina. El trayecto es de aproximadamente 3 kilómetros, una distancia que para el caminante habituado resulta sencilla, pero que para el visitante desprevenido ofrece los desafíos justos de un terreno vivo.
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El sendero es moderado pero requiere calzado cómodo. Foto: Triapvisor.
El nombre Ñivinco, de raíz mapuche, significa “agua que corre por un lugar angosto”. Al llegar al final del sendero, la etimología cobra un sentido físico y abrumador. La cascada se presenta en dos niveles principales. El primero es un salto generoso, de unos 20 metros, donde el agua se desintegra en una bruma fina antes de golpear la pileta natural de la base.
Lo que hace única a Ñivinco no es solo la caída, sino los piletones que se forman a sus pies, con tonalidades que van desde el esmeralda al turquesa. Son pozones de transparencia absoluta.
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Sentarse en las piedras frente a la cascada permite observar los detalles que el turismo veloz suele pasar por alto. Foto: Villa La Angostura (Turismo).
Al ser un destino que carece de infraestructura turística —no hay baños, ni proveedurías, ni cestos de basura—, la visita a Ñivinco requiere una ética de comportamiento estricta. La belleza del lugar reside, precisamente, en su fragilidad. El “turismo de bajo impacto” no es aquí una sugerencia, sino una necesidad de supervivencia para el ecosistema.
Llevarse los residuos de vuelta, no encender fuego bajo ninguna circunstancia y mantenerse dentro de las sendas marcadas son acciones fundamentales. La Patagonia ha sufrido mucho por la negligencia humana. Es recomendable también realizar la caminata con calzado de trekking con buen agarre, ya que las zonas cercanas al agua suelen ser extremadamente resbaladizas debido al musgo y la humedad constante.
El oasis secreto de la Patagonia Argentina
Regresar de la Cascada Ñivinco es, en cierta medida, volver de otro mundo. El estrés de las ciudades, las agendas apretadas y las preocupaciones cotidianas quedan atrapadas en el vapor del agua. Así quien visita Ñivinco no se lleva solo una foto; se lleva el eco de la Patagonia.
