El desarrollo energético en la cuenca neuquina genera una presión sin precedentes sobre las rutas y accesos, evidenciando la necesidad de obras viales que acompañen la expansión económica y demográfica.
El crecimiento de la actividad en Vaca Muerta ha puesto en evidencia un desafío estructural en la región: la infraestructura vial no se ha desarrollado al mismo ritmo que la expansión económica, demográfica y logística. Los principales corredores de Neuquén y el Alto Valle operan al límite de su capacidad, con niveles de circulación que superan los parámetros originales de diseño.
En tramos de la Ruta Nacional 22, especialmente entre Neuquén capital y Cipolletti, se registran más de 100.000 vehículos diarios, con una participación creciente del tránsito pesado vinculado a la industria hidrocarburífera. A esto se suma el flujo sobre la Ruta 7, principal vía hacia Añelo, y la ruta provincial 65 en Río Negro, donde la congestión es frecuente.
El aumento del tránsito está asociado al crecimiento del parque automotor provincial, que supera las 700.000 unidades, y a la expansión poblacional impulsada por la migración laboral. En el área metropolitana Neuquén-Cipolletti, este crecimiento se traduce en una mayor presión sobre accesos y rutas.
La situación es más crítica en horarios pico, entre las 6 y las 9 de la mañana y entre las 17 y las 20 horas, donde los accesos a la capital neuquina registran demoras prolongadas. Puntos como la rotonda de Casimiro Gómez y el Acceso Norte concentran filas de varios kilómetros, con fuerte presencia de camiones.
Para abordar el problema, se encuentran en ejecución diversas obras. El gobierno provincial proyecta un puente elevado en la rotonda Casimiro Gómez para separar flujos. En el Acceso Norte, la Municipalidad de Neuquén avanza con la construcción de otro puente elevado. También se está transformando la Avenida Mosconi para duplicar su capacidad.
Del lado de Río Negro, el sector de Puente 83 sobre la Ruta 22 en Cipolletti sigue siendo un punto conflictivo. A nivel regional, destaca el recientemente adjudicado bypass de Añelo, una circunvalación destinada a desviar el tránsito pesado del casco urbano de la localidad que funciona como base operativa de Vaca Muerta.
El desarrollo no convencional ha modificado la escala del problema vial. Cada pozo en Vaca Muerta demanda entre 1.000 y 1.500 viajes de camión, lo que multiplica el tránsito pesado sobre rutas no diseñadas para ese volumen, generando un deterioro acelerado de la infraestructura e interferencia con el tránsito urbano.
