Las importaciones de indumentaria de segunda mano crecieron exponencialmente en 2025, con Jujuy como principal aduana de ingreso. El fenómeno genera opiniones divididas entre quienes alertan sobre riesgos ambientales, sanitarios y para la industria local, y quienes lo ven como una alternativa económica en un contexto de menor poder adquisitivo.
La importación de ropa usada en Argentina registró en 2025 un crecimiento sin precedentes, reavivando el debate sobre sus impactos ambientales, sanitarios, sociales y productivos. Según un informe de la Fundación Protejer, el 84% de la ropa usada que ingresó al país lo hizo por la aduana de Jujuy, principalmente desde Chile.
Datos oficiales indican que en 2025 Argentina importó 4,6 millones de kilos de ropa usada, por un valor de 5,2 millones de dólares. Esto representa un aumento interanual del 19.000% en cantidades y del 8.848% en valor respecto a 2024. Esta operatoria estuvo prohibida desde 1991 hasta 2022, cuando el gobierno de Alberto Fernández no renovó la restricción.
Según la Fundación Protejer, el crecimiento se materializó definitivamente en 2025. Los principales países exportadores fueron Estados Unidos (53,1%), Pakistán (16%), China (10,4%) y Turquía (7,7%). Para Jujuy, la puerta de entrada es Chile, que recibe la mercadería de otros países y la reenvía a Argentina.
Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) señalaron que en Chile, gran parte de la ropa ingresa por la zona franca de Iquique, donde se selecciona y se descarta alrededor del 40% en el desierto de Atacama. Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Protejer, afirmó que “lo que está ingresando es, en definitiva, la basura de otro país”, prendas de baja calidad con un “impacto ambiental enorme”.
La fundación también advirtió sobre riesgos sanitarios, ya que las prendas pueden contener bacterias, hongos, ácaros y residuos químicos. En noviembre de 2025, el Gobierno nacional comenzó a exigir un certificado de desinfección para importar, pero la medida fue considerada “insuficiente” por Protejer.
El fenómeno también genera un debate económico. La Fundación Protejer sostiene que la importación masiva genera competencia desleal para la producción local, desplazando puestos de trabajo. Makari aseguró que estos productos “entran a precios que ningún productor argentino puede competir”.
En contrapartida, organizaciones como Bank & Vogue, dedicadas a promover la comercialización de ropa usada, destacan beneficios como el acceso a textiles a menor precio para personas de menores recursos, la generación de trabajo en la venta minorista y el fomento de la economía circular al extender la vida útil de los productos.
