Desde el 1 de mayo rigen en Chubut los nuevos valores del gas natural, con un incremento promedio del 5,6% a nivel nacional, en medio del inicio de la temporada de mayor consumo.
Con la llegada del frío y el encendido masivo de calefactores, la Patagonia vuelve a quedar en el centro de una ecuación que parece repetirse cada año: suben las tarifas justo cuando el consumo se vuelve inevitable. Desde este 1º de mayo, rigen los nuevos cuadros tarifarios del gas natural, oficializados por el Ente Nacional Regulador del Gas, y aplicados en la región por Camuzzi Gas del Sur.
El incremento, que a nivel nacional promedia un 5,6%, podría parecer moderado en términos estadísticos. Sin embargo, en buena parte de la Patagonia, ese número pierde rápidamente dimensión frente a una realidad concreta: el gas no es un servicio más, es una necesidad vital. Aquí no hay margen para reducir el consumo sin resignar calidad de vida.
El problema no es solo el porcentaje de aumento, sino el contexto en el que se aplica. La suba coincide con el inicio de la temporada de mayor demanda energética, lo que multiplica el impacto real en las facturas de hogares, comercios y pequeñas empresas. En otras palabras, el ajuste llega en el peor momento posible.
Las resoluciones del Ente Nacional Regulador del Gas establecen modificaciones tanto en los cargos fijos como en el valor del metro cúbico consumido. A esto se suma una política de reducción de subsidios que, aunque busca ordenar las cuentas públicas, profundiza las desigualdades territoriales: no es lo mismo consumir gas en el centro del país que en una región donde las temperaturas bajo cero son parte de la rutina.
En este escenario, la segmentación tarifaria aparece como una herramienta clave, aunque insuficiente para muchos. La necesidad de inscribirse o actualizar datos en el registro de subsidios energéticos se vuelve urgente, pero no resuelve el problema de fondo: el costo de habitar el sur argentino sigue aumentando sin que existan mecanismos plenamente efectivos para amortiguar ese impacto.
Desde la empresa distribuidora argumentan que la actualización responde a la necesidad de cubrir costos operativos. Es una explicación lógica desde lo técnico, pero que choca con la percepción social de un servicio esencial cada vez más difícil de sostener.
La pregunta de fondo vuelve a instalarse: ¿cómo equilibrar la sustentabilidad del sistema energético con la realidad climática y económica de la Patagonia? Mientras no haya una respuesta estructural, cada invierno seguirá trayendo lo mismo: tarifas más altas, ingresos que no acompañan y una sensación creciente de inequidad.
