La comercialización de carne de burro en la provincia generó un debate que trasciende lo local. Una nutricionista analizó su valor nutricional, pero advirtió sobre la falta de regulación y los riesgos sanitarios que implica su consumo.
La venta de carne de burro en una carnicería del valle de Chubut desató un debate a nivel provincial e incluso nacional sobre su legalidad y la idoneidad de su consumo. La nutricionista Noelia Redondo aportó un análisis que separa el valor nutricional del producto de los aspectos sanitarios y legales.
“Desde el punto de vista nutricional y de composición química de la carne y de la composición de grasas que tiene, es una carne supermagra, obviamente rica en proteínas como toda carne, rica en hierro y en un montón de minerales. Muy similar a la del guanaco. Entonces, en ese nivel nutricionalmente sería una carne apta para consumo”, reconoció la profesional.
Sin embargo, Redondo aclaró que el principal problema es la falta de una reglamentación específica. “Ahora el problema es que no existe una reglamentación que avale la comercialización y el consumo de carne de burro todavía. O sea, eso no quita que en un tiempo más se pueda incorporar al Código Alimentario Argentino”, explicó.
La nutricionista señaló que, a diferencia de otras carnes, no hay controles sanitarios adecuados para esta especie. “No es un animal que esté con las vacunas que el SENASA establece, con los métodos de crianza que se establecen según SENASA, y los organismos locales. Entonces hay leyes que prohíben la comercialización y consumo de ganado equino: burro, mula, caballo entran en ese grupo. Entonces es ilegal comercializar burro, la verdad es esa”, afirmó.
Además, advirtió sobre posibles riesgos para la salud, especialmente en grupos vulnerables. “No nos olvidemos que los animales tienen zoonosis… si ese animal no está vacunado… No sabemos cómo eso va a impactar en la salud del que lo consume, si no tiene el cuidado a nivel crianza y a nivel faenado”, indicó.
Redondo también remarcó que una cocción completa no elimina todos los riesgos microbiológicos y enfatizó la importancia de los controles bromatológicos en toda la cadena de producción y comercialización de alimentos.
